Tercer Septenio

EL JOVEN EN EL TERCER SEPTENIO

A los catorce años ha terminado la escolaridad primaria y se prepara para ingresar en uno de los septenios más dramáticos que tendrá que vivir: el tercer septenio, que transcurre entre los catorce y los veintiún años. A partir de los catorce años aparecen las formas corporales características y determinantes de ambos sexos: la menstruación en las niñas; la aparición del vello; el cambio de voz, en los varones.

Algunos hablan de bisexualidad otros de asexualidad; se diría que los sexos se confunden, estableciéndose amistades muy profundas e íntimas entres seres del mismo sexo. Es una etapa durante la cual no hay una clara discriminación sexual. En el embrión, hasta los dos meses de gestación están los esbozos genitales del hombre y de la mujer; luego uno de los sexos se atrofia, desarrollándose el restante. Por lo tanto, venimos de un mundo espiritual en el cual no hay diferenciación sexual. Lo sexual aparece después, en el plano físico. Las fuerzas espirituales son las que promueven el funcionamiento glandular con la secreción hormonal, determinando que ese ser que ha encarnado, sea hombre o mujer.

Por consiguiente, un ser humano por el hecho de ser mujer, segregará hormonas femeninas y su condición femenina guarda una estrecha relación con las experiencias a desarrollar en su vida terrenal. El código genético es el resultado del plan que se trae del mundo espiritual, tiene relación con el Yo, con la individualidad y no con el cuerpo físico.

Es el resultado del destino del ser. Durante este septenio tan difícil se desarrolla el cuerpo astral o cuerpo de sensaciones; es decir, el ser humano comienza a tener nuevos sentimientos y sensaciones. Básicamente comienza el aprendizaje para quererse o para distinguirse a sí mismo. El joven se encuentra inmerso en un mar de sensaciones y así, frente al mundo, actuará según su gusto o disgusto; es decir, aparecen las polaridades. El joven de esta edad vive el deseo. A partir de los veintiún años esta situación se modifica porque nos acercamos al nacimiento del Yo.

Hacia la edad adulta se comienza a utilizar el juicio racional. Muy especialmente por los sentimientos de este período el joven necesita de una confianza explicita y de un guía. Con la adolescencia el sentimiento se libera de las relaciones en que ha estado arropado hasta entonces y se hace oír en el alma del joven, dominado por simpatías y antipatías que fácilmente hunden al joven en el sufrimiento, la desesperación y la depresión. Esto ha de ser contrarrestado ofreciéndole oportunidad de que se concentre con todo su ánimo en algo externo y objetivo. Por tanto en esta edad, las asignaturas artísticas no son un lujo sino una necesidad vital y evolutiva.

A través del dibujo, de la pintura en acuarela, del trabajo con madera, de la música, se modela el espacio anímico tan sensible ahora y de esta manera se des-subjetiviza. Otro medio de mayor importancia para descargar ese reconcentramiento desmesurado es hacer teatro, especialmente en el octavo año, en la cúspide de la edad más impertinente.

Ha de trabajarse también sobre la voluntad ahora más libre y con más fuerza propia, separándola del hundimiento tan frecuente en apetitos o en una agresividad sin dirección.

Le hacemos frente directamente si le hacemos las cosas más difíciles, si le exigimos y le ponemos tareas en las que pueda probar sus fuerzas. Un medio primordial para probarla en esta edad son los talleres que exigen atención del pensar y sensibilidad del sentir, el trabajo con la madera y los metales por ejemplo: cuanto más aprenda a esta edad a salir de sí mismo, a entregarse a una tarea difícil que exija mucha fuerza espiritual y física, más sano y fuerte se hará. Lo más sano e importante de esta etapa es que se trabajan los tres niveles: el intelectual, el del sentimiento y el de la voluntad.

En el plano de lo intelectual ésta educación se lleva a cabo a través de asignaturas especializadas, especialmente las ciencias y las matemáticas juegan un papel predominante. No se trata de un aprendizaje memorístico, sino de estimular capacidades creativas. El joven ha de poder decirse: “en ti tienes un instrumento con el que puedes descifrar los enigmas del mundo”, ha de ganar confianza en las fuerzas de su pensar ahora libres y ha de poder entrenarlas.

El tercer septenio es la fase más importante para la formación de la personalidad. Esto no sucede, como algunos podrían creer, atizando toda llamita de posibilidad personal que surja hasta convertirla en gran fuego. Se realiza conduciendo las nacientes fuerzas individuales hacia el exterior, hacia hechos reales, hacia problemas de carácter histórico, científico o artístico. Sería totalmente erróneo dejar al joven regodearse en su propio torbellino interno del alma.

Cuando la voluntad del alumno desfallece, tiene el profesor que animarle. Es el triunfo sobre el momento inmediato, de eso depende el éxito.

Si las fases del desarrollo se realizan correctamente, si el cuerpo físico se ha formado durante el primer septenio a través del juego y la imitación, si en el segundo septenio (de 1º a 8º) se ha impregnado el alma con imágenes y experiencias poderosas, bellas y llenas de sentido, si en el tercer septenio (9º a 11º) el cuerpo anímico ha podido ejercitar en el mundo a través del pensar, el sentir y el hacer, entonces el ser en su proceso educativo se ha preparado para construir su existencia libre e independiente.

Despliega para conocer cada época

La Madurez Física

El esqueleto se hace más pesado, y los movimientos se hacen torpes y recios.

En las profundidades desconocidas hasta ahora de los sentimientos, soledad y verdadera amistad, egocentrismo e interés abnegado por las cosas, muerte y amor se convierten en experiencia personal. La vida individual de los sentimientos despierta, transforma la relación con el propio cuerpo, con el medio ambiente, con las ideas e ideologías; se refleja tanto en su interés por el mundo y capacidad de amar, como también en la capacidad de comprender causalidades y de emitir juicios.

La profunda transformación interior que aparece como efecto secundario de la pubertad física proyecta sus sombras con anticipación, pero también su luz.

Sensibilidad del sentir, el trabajo con la madera y los metales por ejemplo: cuanto más aprenda a esta edad a salir de sí mismo, a entregarse a una tarea difícil que exija mucha fuerza espiritual y física, más sano y fuerte se hará. Lo más sano e importante de esta etapa es que se trabajan los tres niveles: el intelectual, el del sentimiento y el de la voluntad.

La educación física desde los planteamientos de la Pedagogía Waldorf, crea un vínculo entre dos grandes extremos, voluntad e intelecto, llegando a los niños y jóvenes, quienes en la actualidad se han sumido en un estado de endurecimiento netamente intelectual ya que conviven con todos los adelantos tecnológicos y por ello son el resultado de todas las posibilidades que su entorno les brinda.

Esta propuesta pedagógica da una posibilidad de reconocer el hacer motor como una base que ni los endurece ni los encierra, sino que les permite fantasear, crear, ser espontáneos, fortalecer su voluntad, actuar con dominio y manejo de sí mismos y de su entorno.

Busca pues esta pedagogía, retornar a la fantasía, al fortalecimiento de la voluntad, a la construcción de una vida que permita el desarrollo de una imagen armoniosa del hombre, que no solo sea de tipo metabólico motor o intelectual.

El ejercicio corporal debe ser reconocido en su significado sensorio – moral, viendo la relación entre el hacer corporal y las capacidades espirituales y ante todo, viendo la educación y el desarrollo de la conciencia como una elevación del ejercitar de las fuerzas corporales.

En el sentido de ciencia espiritual, Rudolf Steiner llamó a estas fuerzas etéreas o vitales y en la medida en que la esencia del yo humano las fortalece, surge la conciencia del yo superior. Con esta visión un poco diferente y más profunda del ser humano como tal es que la pedagogía Waldorf propone el desenvolvimiento integral de cada individualidad.

En la gimnasia (según Bothmer), se pone de manifiesto en primer término la experiencia del movimiento y la orientación en el espacio. En el atletismo el joven experimenta principalmente el aumento de los movimientos naturales como caminar, marchar, correr, saltar, lanzar, etc. En el caso de la gimnasia con aparatos se produce una adaptación a los objetos externos y se experimenta el desarrollo del movimiento.

En el juego el alumno debe dominar el desarrollo del movimiento de modo que pueda concentrar su atención en el mismo juego. A estas disciplinas tradicionales se suman deportes tales como el baloncesto, el voleibol, el softbol y la natación con las cuales el ser humano aprende a desenvolverse en otro medio completamente diferente.

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